jueves, 30 de junio de 2011

"BAILANDO CON LOBOS" (doblado al castellano integramente)

Mi escaso conocimiento de la lengua inglesa incluye regularmente, aparte de una molesta frustración personal por las limitaciones comunicativas, algún que otro altercado intercultural más o menos grave.

* (Todo tiene su lado positivo, y esta carencia me ha llevado a desarrollar mi lenguaje no verbal hasta límites insospechados, soy capaz de decir “No me pongas hielo en mi cocacola y añade unos sobres de kétchup. ¿Teneis aritos de cebolla?” con solo un movimiento cejas.)

Como yo siempre he sido muy de estar a favor de la neurosis, cualquier pretexto me parece oportuno, así, si me hablan en ingles lo suficientemente rápido, y después intuyo que esperan algún tipo de respuesta, me acelero, especialmente si el anglófono de turno viste uniforme policial. Es irremediable, termino contestándoles en español, y como no me entienden, entonces termino gritándoles en español, por un reflejo irracional, y por que no decirlo, bastante gilipollas, que me lleva a asociar volumen y comprensión, elevando la voz por encima de la alarma del arco de detector de metales, que no deja de atronarme por la espalda, mientras yo me levanto la camisa para señalarme la bragueta, uno de los policías se echa la mano al gas pimienta en el hall del banco de Inglaterra, en cuya cúpula resuena una y otra vez "esto va a ser la hebilla del cinturón".

Por no aburriros no os detallo, el episodio en el que casi me desalojan de un centro de trabajo estatal, cuando, para culminar varios desencuentros lingüísticos, estando el funcionario al borde de la desesperación y yo en pleno éxtasis gestual para recalcar que era natural de Guadalajara, mis gafas de sol volaron desde el cuello de mi camiseta para terminar impactando en cabeza sajona.

Esa misma noche, tuve un sueño muy revelador. Yo estaba rodeado de una serie de complejas máquinas que me analizaban, al mando, una señorita en bata blanca, que al tiempo, resultados en mano, se acercaba a las principales autoridades británicas allí presentes, Isabel Segunda, David Cameron y Mick Jagger, para pedirles disculpas por haberme enviado al país, alegando no se que clase de error fatal. Se dibuja una mueca de desagrado en los ingleses, que se alejan mientras Jagger tararea “ I can´t get no satisfaction”.

Decido tomar cartas en el asunto, y a la mañana siguiente, encuentro unas clases de conversación de ingles para adultos, en la biblioteca pública de Willesden. Resultó ser un grupo solo de mujeres, todas de raza india, y servidor, rostro pálido. La mecánica es sencilla, la orientadora nos divide en dúos y nos reparte unas fotocopias, sobre algún determinado tema con una serie de preguntas alrededor de las cuales debemos establecer la conversación con nuestra pareja. Me resulta difícil entender el ingles, entender el ingles con acento hindú es casi imposible, entender el ingles con acento hindú de una viejecita sin dentadura es una empresa inutil. Las dos primeras clases le hablaba en ingles, siguiendo concienzudamente el guion impuesto por las fotocopias, a partir de la tercera clase, empecé a saltarme el libreto, y escogía tema libre, a partir de la quinta clase es cuando empecé a hablarle en español. La informo sobre los últimos fichajes del Real Madrid, que ella parece aprobar con una sonrisa, la pongo al día sobre las ultimas reivindicaciones de los indignados del 15m o sobre las molestias que me ocasiona la dispepsia intestinal. Y quiero pensar que ella, (nunca he llegado a distinguir si me habla en hindú o en ingles), me explica detalladamente las reglas del cricket o me revela los secretos milenarios de la cocina del arroz brasmatic.

P.D. : En la última clase, se presentó una española, también de edad considerable, pude charlar distendidamente en castellano, lo que a mi me pareción en principio un alivio, hasta que me extendió un folleto de los testigos de Jehová y me animo a que me acercara a la próxima reunión no se que día. Odio a esta gente, que me quiere solo por mi alma y no por mi caída de ojos.

viernes, 17 de junio de 2011

"EL TAMAÑO SI IMPORTA"


Londres es el disparate de la desproporción, y sus museos, teatros, parques y avenidas, argumentos demasiado obvios para sostener tal afirmación. Y hoy no tengo el día facilón.

No, el ejemplo más claro, que como casi siempre es el más absurdo, (y este acaricia lo grotesco) se encuentra en Leicester Square.

Que un comercio ocupe cuatro plantas asistidas por un pequeño ejercito de trabajadores no es nada extraordinario. Salvo, que por ejemplo, lo que vendieran fuesen caramelitos diminutos de colores. Con los emanems hemos topado.

 
 
 

Pues ya lo veis, esculturas, galerías de arte, un autobús, el laboratorio, una compleja máquina de una tecnología desconocida que te escanea y te indica cual es tu color emanems (el mio era el rojo, lo cual creo, me inhabilita para comer emanems amarillos el resto de mi vida) y sobre todo millones y millones de caramelitos de colores. Un despliegue extraordinario, un espectáculo fascinante de una creatividad sobresaliente ante el cual solo puedo exclamar: "yo es que soy más de los lacasitos."

lunes, 13 de junio de 2011

"BRITISH MUSEUM: GUIA PARA ALCARREÑOS"


El British es parada obligada, porque es uno de los museos más importantes del mundo, pero sobre todo porque es gratis. Es además la mejor y más grande definición del termino expolio a escala mundial.

A mi la fachada se me antojo más bien vulgar, nada acorde con lo que su prestigio aconseja, más teniendo en cuenta que unos días antes había visitado el museo de ciencias naturales, cuyo extraordinario edificio por si solo justifica la visita. Con todo, mis diez fotos de rigor, antes de adentrarme en busca de mis tres objetivos principales, a saber: los restos del friso del partenón, la piedra roseta, y la colección de momias.

La entrada estaba poca concurrida, así como las primeras salas. Un día laboral, aún no entrado Junio, unas condiciones óptimas para la visita.

Y ahora, aquí suelto la blasfemia de la semana: el British es un museo bastante cansino, la verdad. En las primeras diez vitrinas uno se detiene a admirar los objetos de incalculable valor y a traducir sus descripciones (para lo que recurrí a los servicios desinteresados de la interprete que tiene a bien acompañarme). A partir de la décimosexta vitrina, uno deja de traducir y se limita a admirar. Es a partir de la vigésimotercera, cuando el ejercicio se reduce y ya no se admira, se mira, ya cada vez más de reojo. A la trigésimocuarta vitrina a uno se le nuble la vista, que ya solo responde a las piedras que midan más de dos metros o en su defecto al escote de alguna turista sueca.

Mientras a la interprete le quedan arrestos para contemplar no se que vidriera que vayase usted a saber que restos arqueológicos importantísimos albergaba, yo me dedico a esquivar, con notable habilidad, todo tipo de expositorios, hasta que en mitad de la larga sala, me topo con la piedra roseta.

Armado con la cámara realizo los ajustes pertinente, el flash automático, zoom, enfoque óptimo... antes de poder realizar el primer disparo, a través del objetivo, observo horrorizado como la interprete, se abalanza sobre la piedra roseta para sobarla a dos manos. No se como logré, que la cámara no golpease el suelo, cuando me lancé a separar sus brazos de la histórica pieza, al grito de "que haces chalada" y ante la estupefacción de visitantes y miembros de seguridad.


Notas para Alcarreños.

1. Al visitar el British, asegurate de entrar por la puerta principal, nunca por la de servicio. Esta más concurrida, pero su fachada es una maravilla.



2. Si tienes intención de visitar la piedra roseta, asegurate de que es la auténtica. La reconocerás porque esta rodeada de decenas de gente sacando fotos, y tras cuatro capas de cristal irrompible, si te acercas demasiado saltará la alarma con tu aliento. La otra, en una sala secundaria, es una copia en relieve, bajo el cartel "touch it".

viernes, 10 de junio de 2011

"MIND THE GAP"

Como en todas las grandes capitales, el tráfico es denso, la circulación algo caótica y siempre lenta, y encontrar un mapa descifrable de las lineas de autobuses una quimera imposible a la que renuncié desde el segundo día.

El metro es la manera de moverse por Londres, la más eficaz, es fácil, es rápido y es caro.

Cuando abandona el corazón de Londres, entrando en la zona dos, el underground se convierte en overground y los andenes al aire libre resultan particularmente antiestéticos y repetitivos. Los del centro, subterráneos, son simplemente insulsos y monótonos, pero estos admiten ciertas excepciones a la norma, como la modernidad y amplitud de Westminster, el desenfado de Tottenham road o la elegancia de Notting Hill. Pero para admirar la quinta esencia de los andenes del metro londinense, es necesario buscar cualquier excusa para tomar la linea "Circle" en la estación de metro de Baker Street.

El metro londinense, tiene un lema inequívoco que se repite como un mantra en todos sus andenes, suelo, paredes, luminosos, megafonía: "Mind the gap". Son numerosas las estaciones en las que el convoy acaba en curva, entonces la inclinación provoca entre el vagón y el anden una distancia que solo puede resolverse de una amplia zancada. En horas punta, cuando la confluencia es masiva, no es difícil que una distracción te lleve a caer en la redundancia de encontrarte under the underground. "Mind the gap": cuidado con el hueco.

El metro nació en Londres, hace aproximadamente ciento cincuenta años, desde donde se exportó al resto del mundo. Este honor, de ser el más antiguo en su clase, queda patente en numeroso detalles que no escapan al menos entrenado de los observadores y que han cambiado poco, o nada, desde entonces. La estrechez de sus pasillos, andenes y vagones en forma de tubo, la iluminación, la falta de ventilación, todas las notas características que conforman la definición de lipotimia.

Cuando todas las lineas de metro circulan con normalidad en cada una de sus estaciones, se anuncia en el luminoso de cada anden, mientras una señorita, a la que yo adivino cierto tono de orgullo, lo recalca a través de la megafonía. Lo he visto, dos veces, en los veinticinco días que llevo aquí, durante los cuales mi linea, "jubile line", se ha cerrado unas cinco o seis veces. Que el metro funcione es noticia.

Desde el primer día que tome un vagón en hora punta, sigo creándome la misma imagen mental. Agosto, trabajadores volviendo a sus hogares y turistas japoneses uniendo sus fuerzas para crear un embudo a la entrada de un anden repleto, donde la gente, por efecto domino, empieza a caer, uno tras otro, amontonándose sobre los raíles del metro. (los chinos probablemente, se amontonarían ordenadamente). Como resolver este incómodo problema, la solución la encontré hace un par de días en Oxford Circus, cuando me tope con un grupo numeroso de gente rodeaba, impasible, la entrada del subterráneo. Lo cierran, cuando creen que esta suficientemente masificado, simplemente cierran las puertas y te invitan a esperar o dirigirte a la siguiente estación.

Si no han cerrado la entrada, y consigues acceder al anden, entonces tienes que elegir uno de los extremos, izquierda o derecha cuestión de manías, y dirigirte hacia él pegado a la pared. Una vez allí, es vital ir ganando posiciones hasta aproximarte lo más posible a las vías sin exponer excesivamente la vida, y confiar en que intuición o suerte, te hayan llevado a colocarte a la altura de alguna de las puertas del vagón, repleto. Aquí, las cuentas estan claras, si salen tres, entran tres, (los cálculos pueden variar minimamente, en función del tamaño de los individuos) y se abre ahora, un dilema moral, que debe resolver uno mismo en el momento: esperar pacientemente el próximo tren, o arremeter contra los pasajeros y crearse su propio hueco. Y aquí, es donde se demuestra, la bien merecida fama de la educación inglesa. El ingles te susurrará diez "excuse me sir", mientras te empuja a codazos contra los japoneses, que se aferran desesperadamente a sus cámaras fotográficas.

Durante estos días, he consolidado una relación de amor-odio muy intensa con el metro, pero, en el fondo, tengo que reconocer que adoro el metro... es tan underground!!

lunes, 6 de junio de 2011

"PICCADILLY"

Es sabido que las distancias aquí no se miden en metros, se miden en yardas y en piccadillys. Así, un edificio estará mejor o peor situado en Londres en función del tiempo que se tarda en llegar a Piccadilly Circus.

De primera impresión decepcionante, su tamaño no es especialmente grande dentro de las proporciones londinenses, ni su Eros especialmente admirable, ni sus turistas chinos especialmente elegantes, y su nota más característica son las vallas publicitarias gigantes que en su momento suscitaron polémica y anoto personalmente, con razón.

Tres o cuatro días me costó darme cuenta, de que la importancia de Piccadilly Circus no es estética, sino estratégica.

Secciona Regent Street en dos partes, tomando la más pequeña al sur, dejando atras la plaza de Waterloo, llegamos a Whitehall, las entrañas políticas del país esparcidas entre varios ministerios y Downing street, con su número diez. Desde allí, al oeste se puede atravesar St. James Park ( favor, atravesar sin ninguna prisa, es un paseito delicioso) hasta Buckingham palace (nada reseñable, salvo el Queen Victoria Memorial quizá, va en gustos), o bien seguir hacia el sur y desenpolvar la cámara fotográfica, a orillas del Támesis la abadía de Westminster, el parlamento y el bing beng. El principal escaparate de Londres.

El resto de escaparates de Londres, se alinean en dos hileras enfrentadas, principalmente en la otra sección de Regent Street, salida noroeste de Picadilly, que termina cruzándose con Oxford Street, que termina rebautizándose como New Oxford Street y que al fin y al cabo, resultan ser el mismo perro con distinto collar, tiendas y tiendas, básicamente ropa. ( Salvo alguna, más que honrosa excepción, como Hamleys, seis plantas de juguetería, y empleados practicando con el ejemplo, payasos, aviones volando, pompas de jabón, juegos de magia, cochecitos correteando, un mundo)

Volviendo a Piccadilly Circus y tomando la salida oeste, por la calle que hereda el mismo nombre de la plaza y siempre que evitemos los cantos de sirena de Waterstones, una libreria de seis plantas donde puedes agarrar cualquier libro y sentarte en unos de sus sillones a perderte en la lectura, o bien pasearlo hasta la apetecible cafetería de la azotea, se llega a Hide Park, el pulmón más renombrado de Londres. (Aunque de parques, tenemos que hablar otro día, pausadamente).

La salida sureste, por Haymarket, desemboca inevitablemente en la imponente Trafalgar Square, coronada por la National Gallery. (Uno de los grandes museos del subconjunto entrada-gratuita, pero de museos, si, tenemos que hablar otro día)

Por último y al este, Shaftesbury Avenue, estas entrando en el Soho. El Soho es el área donde se concentran la mayoría de los teatros, musicales y espectáculos de la ciudad. El Soho es también el continente de Chinatown, un conjunto de callecitas, donde puedes comer barato si no eres muy escrupuloso y donde puedes comprar cualquier cosa que fabriquen los chinos, es decir, cualquier cosa. El Soho es también el principal foco de diversión nocturna. El Soho es también el punto de encuentro de la comunidad gay. El Soho es también tiendas de música, sex shops, perroflautas, yuppies, prostíbulos, librerías, canallas, turistas japoneses. Y todo lo demás que es el soho y que es indescriptible. El soho tiene más alla, y es el mercado de Covent Garden. (pero de mercados... sin duda, tendremos que hablar.)

Si te encuentras en Londres sin saber muy bien que hacer, tu billete de metro es a Piccadilly Circus, sientate a los pies de Eros y deja que las flechas te indiquen el camino.